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Somos nuestra casa


En nuestra casa se unen la memoria y la imaginación. Es una extensión de nosotros mismos y un espacio con el que dialogamos a diario. Los objetos en su interior son reflejo de lo que somos, al tiempo que nos moldean y definen nuestros recuerdos.


Tenemos un comportamiento ritual y nostálgico frente a los objetos. Más allá de su valor práctico, e incluso estético, ciertas cosas tienen para nosotros un valor sentimental que las lleva a convertirse en fetiches: nuestra foto de bodas, esa mesita de la abuela que mandamos restaurar, el mantel de encaje Burano que nos recuerda el viaje que hicimos a Venecia… Cada objeto que entra a nuestra casa trae consigo una historia y va construyendo su propia historia junto a nosotros. Depositamos en estos objetos nuestra memoria, y así podemos reconstruir el sentido de nuestra historia y fijar nuestra identidad.


Aunque no sepamos nada de una persona, si visitamos su casa, podemos saber qué le gusta, en qué cree, quiénes son las personas importantes en su vida y qué sitios ha visitado. Nuestra casa habla de nuestros recuerdos, pero también conforma nuestros recuerdos.


Es por eso que cuando un cliente nos pide diseñar o rediseñar un espacio, en Memoria pensamos cómo son las personas que lo van a usar y cuál es su dinámica cotidiana: edades, ocupaciones, intereses, sueños y proyectos. Estamos conscientes de que el espacio que nosotros diseñemos se convertirá en parte importante de sus recuerdos, y queremos que la historia que cuente esté llena de matices y detalles únicos.